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Piratas por siempre

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En "Buenezuela" "Préstame tu casete, te lo juro que mañana te lo devuelvo" . Eran los ochenta, estaba en  el colegio y pedía, prometía e incluso rogaba por cualquier valioso tesoro musical en manos de algún compañero. Por suerte en aquella época no tuve que suplicar mucho, pues nos juntamos un grupo de amigos melómanos con las mismas inquietudes. Nuestra red de captación de material hacía más fácil el trabajo y saciar nuestras "necesidades" sonoras.  No importa quién consiguiera el casete ó vinilo, como papa (patata) caliente, rodaba rápidamente por nuestras manos. El botín tenía más gracia si nunca había sido publicado por el mercado oficial, es decir, por las compañías discográficas. Era la sensación de tener algo especial, de formar parte de un grupo selecto sin querer presumir de eso. Las cintas eran el formato ideal para la consecución de nuestros objetivos "piratas". Nuestro clan disfrutó del f...

"Y con ustedes..."

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5   EN 1   Hay momentos mágicos y con la música vivimos muchos de ellos. Casi siempre esos instantes especiales están generados por "magos" que sacan en vivo su mejor repertorio de "trucos". Lo mejor de todo esto es que sobre la tarima  desvelan los secretos de sus números que previamente fueron encapsulados en forma de discos. Uno de esos "magos" pasó por Madrid el 16 de mayo y nos brindó en la sala Heineken sus mejores "trucos", incluida una metamorfosis. En el espectáculo llegué a verlo hacer hasta cinco roles diferentes, siempre sin perder su identidad. Las menciono:  Ilan Chester   músico, Ilan "el profesor", Ilan "el comediante", Ilan  "el pana" (colega, carnal, pata), hasta el  Ilan "papá".  A continuación voy a contarles como hizo el "acto" de la metamorfosis, pero antes, para quien no lo conozca, quiero explicar brevemente la carrera de Ilan Chester . Este m...

Sentimiento Muerto

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Más vivo  que nunca   Seis de mayo de 1989, Poliedro de Caracas (recinto de deportes y espectáculos), estaba a escasos metros de una enorme tarima entre miles de personas que se movían como las olas del mar. Minuto a minuto ese "océano" se iba calentando más y más. De repente todas las luces dentro del enorme y abarrotado domo se apagaron. Obscuridad total. Unas pequeñas luces de linternas encima de la tarima hacían reflejar unas caras que se iban acomodando en el escenario. "¿Quién es esa chica?" Pregunté a un "vecino", que más bien parecía mi hermano siamés, no por el parecido, sino por lo apretados que estábamos entre el mar de personas.  En ese momento ese "océano" ya  se había "tragado" a mis amigos. ¡Es Cayayo! Me contestó ese "vecino" con tono seco, quizás obstinado por el incómodo bamboleo, o tal vez por mi ignorancia. Cayay...