viernes 30 de octubre de 2009

REALISMO FITOMÁGICO

Transporte con música en vivo garantizada

Latinoamérica es una región del mundo impregnada de sucesos, leyendas e historias cargadas de magia mezclada con realidad que han sido muy bien plasmada por grandes plumas como Isabel Allende, Gabriel García Márquez, Juan Rulfo o Arturo Uslar Pietri, por nombrar algunos. Pero el pasado 11 de octubre por las calles del Madrid, en el desfile de Viva América, creo que experimenté sensaciones como si estuviera viviendo en una novela de “realismo mágico”, claro está, en versión europea. Tal vez los elementos allí presentes de la cultura latina como el baile, los trajes y la música también contribuyeron a ello. Cierto es que el suceso me impresionó mucho, y por unos minutos no daba crédito de la experiencia que estaba viviendo.

En el Paseo del Prado a la altura de la plaza Neptuno estaba observando el evento “cultural”, cuando observé que a los lejos un enorme y alto camión traía música procedente de la estación de Atocha. A medida que avanzaba este transporte bien iluminado y de color azul pude discriminar el sonido de un piano que salía por sus altavoces. El corazón empezó a latirme más duro. De repente al piano se le sumó una voz masculina de tono alto, desgarrada y con acento argentino. La incertidumbre creció. ¿Quién será? ¿Quién cerrará el desfile? El volumen iba en ascenso con el avance del camión que parecía tener una banda tocando en el segundo nivel. Unos segundos más tarde (que parecían siglos) el enorme transporte con sus casi 5 metros de altura ya estaba casi enfrente de mi posición.
Entre la naciente oscuridad de la noche madrileña y las amarillentas luces de la famosa avenida, tuve que hacer un esfuerzo para enfocar y adivinar al personaje. De espalda, un hombre flaco de pelo enroscado y una naciente barba aporreaba con intensidad las teclas del mencionado piano. “¿Será? ¿No puede ser?" El nombre del músico me vino a la cabeza. Mi mente no quería dar crédito. Hasta que entre los presentes alguien me comprobó que estaba viviendo esa tarde-noche de octubre una “realidad mágica”: “Fiiiitooo!!! Grande Fiiiitttooo”. Gritaba un chico sureño. Pues sí, no habría más vacilaciones, era Fito Páez. El mismo que ha llenado los principales auditorios, estadios y teatros latinoamericanos por más de 20 años. El mismo que ha batido record de ventas de discos en el “nuevo” continente. El mismo que ha compartido musicalmente con otros grandes de la música como Mercedes Sosa, Charly García, Caetano Veloso, Luis Alberto Spinetta, Joaquin Sabina, etc.

El shock duró unos segundos hasta que sonó un viejo buen tema del flaco de Rosario, Argentina: (ver video)

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Disculpen por la torticolis ocasionada. Claro si aguantaron ver el video completo. La excitación y el disfrute del momento impidieron al camarógrafo, que también cantaba, enderezar el lente del móvil (celular). Volvamos al relato.

La particular tarima frenó durante la interpretación de “Tumbas de la Gloria” del superdisco “El Amor después del Amor” del año 1992. Hipnotizado disfruté esta emocionante interpretación de Fito sólo con el piano, haciendo que la aglomeración creciera entorno al singular escenario.

La peregrinación comenzó. De Neptuno a Cibeles entre los inmensos arboles del Paseo del Prado, y en una agradable noche, la hipnosis estaba controlada por la energía propagada desde la altura en movimiento del músico rosarino y su banda. En esos momentos el único pensamiento racional era intentar esquivar los obstáculos del trayecto (personas, postes, alcantarillas, vasos) para no perder distancia con el ser que dictaba “predicas” musicales.

“Un vestido y un Amor”, “Dar es Dar”, “Brillante sobre el mic”, “Al lado del Camino”, “Y dale alegría a mi Corazón” amenizaron la particular procesión hasta la diosa Cibeles madrileña. Allí, entre los imponentes edificios de Correos y Casa de América, Fito aparcó su melodioso camión. Una vez allí, después de interpretar los mencionados los clásicos, muy íntimos con el piano, comenzó a inyectarle potencia al recital con temas más guitarreros, tales como “Circo Beat” que incluyó en el intermedio un arreglo para interpretar un “Tercer Mundo” muy Led Zeppelin.
(Ver video)

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Era “realismo mágico” a la madrileña. Miles de personas en la calle viendo, escuchando, y seguramente, recordando la banda sonora de muchas experiencias vividas en sus países por argentinos, colombianos, venezolanos y de otros rincones latinos.

Para conectar más con el recuerdo mágico, Fito Páez, guitarra en mano con bastante más distorsión arrancó con su irreverente “Ciudad de Pobres Corazones”. El tema de la etapa más desgarradora y trágica de este argentino. Escuchar ese estribillo inicial: “En esta puta ciudad, todo encienda y se va, matan a pobres corazones, matan a pobres corazones…” fue como una sobrecarga eléctrica de muchos voltios que me teletransportó a una época adolescente y llena de canto rebelde. Tal vez Madrid también sea una “Ciudad de Pobres Corazones” como muchas otras del mundo.
Pero en esta realidad mágica volvió a girar en su trama y de los pobres corazones Fito Páez giró hasta las famosas y melodiosas “Mariposas Technicolor”. En esta historia casi surrealista en el centro de Madrid era impensable que concluyera sin escuchar la más enérgica del cancionero fitoriano. Las mariposas volaron mucho más que en la versión grabada, tiempo extra que usó Páez para nombrar a los músicos que rodaron con él, literalmente, y para despedirse muy emocionado después de brindar su primer concierto camionero.

La banda siguió tocando repetidamente los compases finales de “Mariposa Technicolor” mientras el camión empezó alejarse de Cibeles y de nosotros vía La Puerta de Alcalá. La música también se desapareció gradualmente.
Mis pies estaban en pleno asfalto de la glorieta de Cibeles y de la nada salieron decenas de agentes del “orden” para “invitarnos” a desalojar la vía ante la inminente vuelta de los coches a su transito regular. Fin.
Gracias al realismo fitomágico.

Adrián Naya

viernes 23 de octubre de 2009

REPTILECTRIC: Un viaje con Zoé natural



Primera visita a Ciudad de México, era el verano del 2009, y como en todo viaje que hago a un país diferente (soy un venezolano que vive en Madrid) quería llevarme una mínima muestra de como suena ahora esta tierra a ritmo pop/rock y sus derivaciones. Desde hace mucho tiempo había disfrutado de los reconocidos Caifanes (Jaguares), Amantes de Lola, Café Tacuba, La Lupita, Maldita Vecindad, Control Machete, Plastilina Mosh, Molotov, etc. En fin, esta ocasión era propicia para alimentar y saciar la sed que lleva adentro todo melómano, esta vez con ganas de saborear algo mesoamericano de finales de la primera década del siglo XX.


El ritual musical, casi sacramento, era el siguiente paso. Me dirigí a una famosa discotienda de la capital mexicana, para más señas en la colonia Polanco. Previamente había indagado por web, y gracias al “bendito” Youtube descubrí a Ximena Sariñana, Natalia Lafourcade, Ely Guerra, e incluso por comentarios de amigos, a Zoé. Este nombre se convirtió en primer objetivo de la misión pues había escuchado unos temas que estaban agradables. Enfrente de las estanterías no tuve mucha contemplación y agarré CD Reptilectric de los Zoé, con fecha publicación en 2008. Además seleccioné otro disco que entraba dentro del presupuesto vacacional. Para no pecar de impulsivo solicité recomendación por parte de los chicos del local, pero la acción no reportó cosas nuevas. La suerte ya estaba echada, como dicen por ahí. Reptilectric había entrado a la colección.

Reptilectric me quemaba en las manos, tenía que escucharlo. Pero esto de estar con la tecnología tiene sus consecuencias. Llevaba conmigo sólo el mp3, y por supuesto, el sagrado momento para disfrutarlo tendría que esperar mientras el CD no pudiera decodificarse al lenguaje musical de estos tiempos. Sin duda, pronto acabará con este ritual de visitar de las tiendas de disco en donde sea. Después de este inciso casi nostálgico, continuo con el relato. Reptilectric ya estaba en mi poder, pero como buen aprendiz de buda, respiré profundo y acepté que este no era su momento, ya llegaría. Y así fue al cabo de un par de semanas cuando pude transformar y a su vez transferir el contenido al equipo portátil de música.


Mi dedo pulsó "play" en el mp3 y Reptilectric despegó rumbo a mi cabeza. Ya no estuve en el mismo sitio, la música lo hizo todo desde el primer track con el homónimo “Reptilectric”. Un bajo como motor de transbordador espacial me indicó el camino a un sonido dulce, melancólico, confortable, frases espaciadas, una batería enérgica marcó los pasos para subir a la escalera que conduciría a la cabina de mandos. El mensaje lírico no dejó duda que era un paseo más que terrenal: “…Reptilectric bienvenido a la tierra, una mañana en el horizonte bajando por el triángulo de sol, del sol, quiero libertad en un mundo material”.

“Nada” si fue algo (chiste fácil). Un hilo conductor en la misma onda y no me bajé de la nave. Este tema con su intro me trasladó a un despegue espacial de serie futurista de tv de los años setenta. Bajo y teclas con golpes continuos en corcheas y la dulce melodía vocal mantuvieron la estabilidad de la nave. “Sombras” no rompió el tempo de los 2 capítulos anteriores, el vuelo tenía un tono Britpop, muy de estos tiempos dosmiles. La letra siguió creando una atmósfera más allá de lo terrenal: “…sombras tapando el sol, sombras tapándote, son tan sólo sombras”.

Reptilectric hizo un viraje impresionante en la máquina del tiempo hasta finales de los años ochenta. Más específicamente al planeta The Cure, sin duda. “No hay Dolor” con un bajo cargado de efectos tipo Chorus, simuló con mucha precisión a esta mítica banda que tanto escuché por aquellos años. Ojo no fue una crítica. Por supuesto el tema tenía también el sello Zoé con su sonoridad melodiosa que marcaba su vocalista Léon. Ya a está altura del viaje ya había investigado más sobre la banda.



Antes de escuchar el siguiente track pensé que la máquina del tiempo seguía funcionando y me trasladaría esta vez hasta el mítico álbum del grunge Nevermind de Nirvana, pues la siguiente canción se titulaba Poli, algo casual, porque no tiene nada que ver con la Poli de Cobain y compañía. Un sonido folk, guitarras acústicas y una batería minimalista fue una cómoda parada de descanso después de tanto navegar. La lírica simuló una especie de despecho sideral: "Poli era mi chica ideal, una perla blanca mexicana, la cual yo amaba, pero nunca pude tener, ni mostrarle todo lo que le escribí, en el fondo del mar, satélites, flotando por el universo...".


“Resiste” me despertó un poco de la pequeña siesta espacial para retomar la ruta Reptilectric, aunque con una velocidad de bostezo con guitarras y voces con mucha profundidad cargada de delayes. Estaba más en la órbita del universo Zoé. Pero no fue hasta llegar a “Neardental” cuando se imprimió nuevamente velocidad de crucero, como si los chicos de la banda se hubiesen cargado las pilas. La batería volvió a marcar el tempo de los comienzos del tour y León me recordó cuales eran las coordenadas: "...deja todo lo que estás haciendo, mira a tu alrededor no hay estrellas en la obscuridad, solo pulpos, zombies de metal, neardental, no hay evolución...".


“Fantasma” fue una estación tranquila, como de paso hacia otro destino, con una instrumentación sencilla, como la mayoría de los temas, y samplers psiódélicos por momento hasta que tocó aterrizar en "Luna". Allí floté sin gravedad recreado a través de su letra explícita sobre el único satélite que disfrutamos cada noche: "Luna, no me abandones más, que tiendo a recuperarme en la cuna de tus cráteres...". La atmósfera estuvo cargada de un bajo profundo, guitarra con delayes y samplers con destellos de Pink Floyd.

El tema “Últimos días” aceleró la travesía con el tempo de mayor velocidad del tour reptilectrico. Sin duda tenía el sonido de estos "Últimos días" de la movida musical poprock. No hubiera sido un error confundirlos con The Killers o Franz Ferdinand entre otros bandas. Una pieza con mucha energía que faltó poco para ponerme a bailar.


Sonaron unos fréneticos tambores y un coro casi celestial. De fondo sonidos estridentes. El caos se había apoderado al llegar a “Babilonia”. Fue la última parada con aterrizaje forzoso. El mp3 indicó 11 de 11. Silencio. El paseo Reptilectric había finalizado. Silencio, eso es lo que necesité para digerir la intensa experiencia sonora vivida.


Gracias a Zoé por el viaje, que espero volver a repetir.


Adrián Naya

Letras Adriamix

Una invitación bastaría

Huesos imantados,
músculos bien tensados.
Es difícil controlarme,
su piel transpira la
esencia de mi fe.

Sus ojos me sumergen
hasta un túnel de sensaciones,
donde deseo respirar su olor,
probar cada uno de sus poros.

Una invitación bastaría
para encontrarla y
explorar la selva,
caminar el desierto,
Y navegar en su mar,
para llevarle al buen amar.

Hipnosis recurrente,
levitación permanente.
La sueño despierto
tratando de tocarla y
sentir su olor de mujer.

Su cuerpo, líneas de ritmos
con movimientos afinados,
invitan a bailar un compás
infinito a su lado.
Su boca calmaría la sed
de un desierto.
Transformaría la peor pesadilla
en un viaje de sol.

Una invitación bastaría
para encontrarla y,
explorar la selva,
caminar el desierto,
Y navegar en su mar,
para llevarle a buen amar.

Una invitación bastaría
para hacerla más,
más…

Adrián Naya


Dr. YO

Reabrí la herida,
seis letras de sutura,
y miles de historias
se derraman por mi cabeza.
Las mismas preguntas
pero se pierden en tu silencio.

No me juzgues,
La agresión fue a cuatro manos,
Y las tuyas también participaron.

Los días pasan,
Y no dueles tanto.
Yo me puedo sanar,
Ya me quiero perdonar.
En el camino
estaré de Alta.

Imágenes afiladas rasgan la piel,
y vuelve la sangre.
Como cuesta sanarse.
Yo soy mi propio doctor,
me doy terapia intensiva,
y medicina interna,
la misma que muchas veces
administre para salvarte.

Los días pasan,
Y no dueles tanto.
Yo me empiezo a sanar,
Ya me quiero perdonar.
En el camino
estaré de Alta.

Adrian Naya


ALTO

La piel erizada pide calor, y
Ese perfume no da respiro,
mientras la nave quiere volar.
Hay espacio y lo voy explorar,
Ven, sígueme, es fácil intentarlo,
sólo déjame y lo verás.

No estamos lejos.
Permiso para despegar.
Hay luz verde.
El viento nos favorece
sin duda, debemos arrancar.

Alto, alto,
quiero viajar.
La altura no me asusta.
Volemos hasta que el
tiempo nos consuma.

Alto, alto,
No deseo bajar.
La altura me impulsa.
Volemos hasta que el
tiempo nos consuma.


La vista sin nublas y
tú eres el mejor paisaje.
Nuestros relieves marcan
las coordenadas que
queremos transitar.
Sigue que no debemos parar.

Nuevos rumbos,
nuevas atmósferas,
La velocidad se hace crucero.
y tu tomas los mandos
mientras sigo…


Alto, alto,
no quiero bajar.
La altura no me asusta,
volemos hasta que el
tiempo nos consuma.

Alto, alto,
No deseo bajar.
La altura me impulsa.
Volemos hasta que el
tiempo nos consuma.


Alto, alto,
quiero viajar,
Alto, alto
no deseo bajar.

El combustible se termina,
La nave busca tu regazo
es hora de aterrizar.

Gracias por viajar…
Alto, alto.

Adrián Naya